El botiquín de casa: qué debe tener (y qué no)

Ni cajón de sastre ni farmacia entera. Lo imprescindible para resolver lo pequeño sin riesgos.

Un buen botiquín casero resuelve los pequeños percances sin dramatismos: un termómetro, paracetamol e ibuprofeno, suero fisiológico, un antiséptico (tipo clorhexidina), gasas, esparadrapo, tiritas y unas pinzas. Con eso se cubre casi todo lo cotidiano.

Tan importante es lo que sobra: antibióticos de otras veces (nunca deben quedar restos: los tratamientos se completan), medicamentos caducados y esas cajas misteriosas que ya nadie sabe para qué eran. Todo eso, al punto SIGRE de la farmacia.

Revísalo un par de veces al año, guárdalo en un sitio fresco y seco (el baño, aunque sea lo clásico, es el peor sitio por la humedad) y siempre lejos del alcance de los niños. Si en casa hay medicación crónica, mejor separada del botiquín general para evitar confusiones.

Y una regla de oro: el botiquín es para lo leve y lo puntual. Si algo no mejora, empeora o simplemente te tiene con la mosca detrás de la oreja, no lo resuelvas a base de cajón: consúltanos.